
Primeras habilidades de vocabulario
Todas las mamás y los papás desean y rezan mil veces para que las primeras palabras de su bebé sean su nombre. La alegría de oír el primer “mamá”, “papá” o “amma” no tiene precio. Aunque a todos nos encanta oír balbucear a nuestro bebé, pocos padres se dan cuenta de la importancia de desarrollar el vocabulario para potenciar el lenguaje de su hijo, lo que le llevará a las habilidades de lectoescritura necesarias para el éxito académico en el futuro.
Los niños necesitan la guía y la ayuda de los adultos para aprender palabras nuevas y ampliar su vocabulario. Las sencillas conversaciones diarias que tenemos con el bebé y los intercambios de gorjeos de los primeros meses tienen un papel importante en el desarrollo del lenguaje.
Cuándo empezar
No tienes que esperar a ningún momento concreto para empezar a hablar con tu bebé. De hecho, los bebés están programados para desarrollar el habla y el lenguaje desde el nacimiento.
Es importante prestar especial atención al desarrollo del lenguaje en los cinco primeros años, porque es el periodo más decisivo para tu hijo, aunque el lenguaje siga desarrollándose durante toda la primera infancia e incluso en la adolescencia.
Se sabe que el cerebro del niño se desarrolla en un 90 % en los cinco primeros años, y que la formación más decisiva de su arquitectura cerebral se produce en los tres primeros años de vida.
La exposición temprana al lenguaje influye directamente en el desarrollo del lenguaje y en las habilidades de lectoescritura de los años posteriores. Es la etapa en la que se forman nuevas neuronas y se crean múltiples conexiones entre ellas para el lenguaje. Los padres deben centrarse en mejorar tanto la comunicación expresiva como la comprensiva de su hijo.
Desarrollo del vocabulario
A medida que tu bebé crece, empieza a usar palabras y explícale qué significan. Muchos padres temen que exponer a su hijo a demasiadas palabras sea contraproducente. Pero estudios recientes demuestran que los niños de 12 a 24 meses se benefician de oír muchas palabras y que es bueno que estén rodeados de mucha conversación.
A los 2-3 años se puede enseñar a los niños a usar palabras más complejas y específicas. Igual que destetas a un niño de los líquidos o de la leche materna, quizá tengas que ir quitándole las palabras cariñosas e infantiles que usa. No temas introducir palabras más difíciles, porque tu hijo puede aprender más palabras de las que crees.
A partir de los 3 años, puedes centrarte en que tu hijo forme frases. No hace falta buscar una gramática perfecta, pero siempre puedes ayudarle a construir frases correctamente. Aprovecha las preguntas de “por qué” para explicarle las cosas que le rodean.
Cantidad frente a calidad
No basta con exponer a tu hijo a palabras nuevas; es muy importante cuidar también la calidad de la conversación. Cómo decirlo, cuándo decirlo y en qué tono son algunas buenas lecciones de comunicación que un niño aprende de sus padres.
Los padres que prestan toda su atención a lo que dice el niño le animan más a hablar. También es importante tener paciencia. Un niño tiene que oír una palabra muchísimas veces antes de decirla en voz alta.
Que la cantidad de palabras ayude no significa que los padres deban hablarle sin parar. De hecho, la conversación debe ser animada e interesante para el niño y, además, debe ir en las dos direcciones.
Cuando digas algo, espera a que tu hijo reaccione y responda. Luego sigue la conversación para que él también tenga su turno. Cuantas más expresiones faciales, gestos o acciones acompañen a tus palabras, mejor te entenderá tu hijo.
Sigue sus hitos y estate atento a cualquier retraso del lenguaje o del habla, que puede ser una pista de algún problema de fondo. La detección y la intervención tempranas pueden cambiar mucho el resultado.
Del equipo de Totsguide. Este artículo es una guía general; habla con tu pediatra sobre tu hijo.


