
Por qué el juego es tan importante en la infancia
Todo trabajo y nada de juego: un niño apagado
Los estudios muestran que jugar es importante no solo en la infancia, sino toda la vida.
Lanzar una pelota, armar bloques, jugar a ser papá o hacer un pastel de mentiritas tiene mucho que ver con el desarrollo del pensamiento, las emociones, la convivencia y el cuerpo. Jugando, el niño mejora su lenguaje, su forma de hacer amigos, su creatividad, su imaginación y su forma de pensar, y además es feliz.
Cuando jugamos con un niño, casi nunca pensamos que estamos ayudando a su imaginación, su inteligencia, su lenguaje, sus habilidades sociales y sus movimientos.
Primeros 6 meses
En los primeros 6 meses, el bebé juega moviendo brazos y piernas sin un fin claro. Sonajas, juguetes con texturas, juguetes musicales o espejos irrompibles despiertan su vista, oído y tacto. Los móviles de cuna con colores que contrastan ayudan a desarrollar su visión.
6 a 18 meses
A esta edad, el niño explora el mundo. Puede jugar solo por un buen rato, sin fijarse en lo que pasa a su alrededor. Morder la mordedera, agitar la sonaja, empujar un carrito o retorcer una toalla basta para entretenerlo.
En los meses siguientes, aprende a jugar con otros niños. Observa e imita a otros niños o a los adultos. Así mejoran su convivencia, su lenguaje y su pensamiento.
18 a 36 meses
Al principio, el niño juega en silencio junto a otros niños, sin hablar mucho. Si quiere algo, no lo pide: lo toma o hace señas. También juega “lado a lado”: dos niños con sus propios juguetes, sin molestarse.
Poco a poco se vuelve más sociable y quiere hacer amigos y jugar con ellos. A esta edad, los juegos de construir y armar fortalecen el cerebro. El juego hace que el cerebro sea más flexible y que aprenda mejor en el futuro.
Jugar con amigos mejora sus habilidades sociales, que serán muy importantes en su vida adulta. Aprende a dar, recibir, compartir, ayudar y cooperar.
Jugando, el niño aprende a imaginar y a resolver problemas, y su cerebro forma conexiones importantes. Cerca del 80% del desarrollo del cerebro y del aprendizaje rápido ocurre en los primeros años. Con los juegos activos aprende lecciones de vida: causa y efecto, resolver problemas, aprender probando y más.
Los juegos con movimiento le ayudan a gastar energía y a mejorar sus movimientos grandes y finos. Aprende cosas nuevas, convive con otros niños y se mantiene activo y sano.
Totsguide lanzó una nueva campaña: #StopLabellingStartActing (deja de poner etiquetas, empieza a actuar). Su meta es que los papás actúen para ayudar en lugar de ponerle etiquetas a su hijo.
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