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La sábana arrugada

Cuando Aryan, de 4 años, tendió su cama solo, su mamá tuvo muchas ganas de alisar la sábana. Pero se aguantó. Ahora sabía que rehacer lo que su hijo hace es uno de los errores más grandes de los papás: así el niño deja de querer ayudar en casa.

Lo aprendió la semana anterior, en la consulta anual de Aryan con la pediatra. Aryan se había puesto solo su traje favorito. En la boda de su tía todos lo habían elogiado con ese traje, y quería que su doctora también lo viera. Se vistió con mucho cuidado y se sentía muy orgulloso.

Pero su mamá, Sumana, ya iba tarde. Pensó que esa ropa no era adecuada para ir al médico. No se dio cuenta de lo bien que su hijo se había vestido solo. “No sabes vestirte”, le dijo mientras le quitaba la ropa a jalones. Aryan no dejaba de llorar. Le pusieron jeans y una camiseta y se lo llevaron casi a rastras.

Al llegar, Aryan seguía llorando y Sumana estaba muy frustrada. En cuanto vio a la doctora, le dijo: “¿Cómo hago para que este niño deje de llorar por cualquier cosa?”.

Sumana respiraba agitada. La experiencia le había enseñado a la doctora que detrás de cada queja de los papás siempre hay una historia. Llamó a Aryan a su lado y le preguntó con calma: “Aryan, ¿qué pasó? ¿Por qué lloras?”.

Entre sollozos, Aryan contó que se había vestido muy bonito, pero su mamá lo hizo ponerse ropa fea. Por la cara de la doctora, Sumana supo que se había equivocado. Consolaron a Aryan y lo mandaron a jugar con la terapeuta.

Luego la doctora le preguntó a Sumana qué había pasado. Muy apenada, Sumana le contó todo. Mientras lo contaba, se dio cuenta de que, por querer vestirlo “bien”, había ignorado por completo el esfuerzo y los sentimientos de Aryan.

La doctora le explicó que a los niños les duele cuando los papás rehacen lo que ellos hicieron. Al corregir todo, les quitamos confianza, valor y creatividad. Claro que a veces hay que corregir, pero si no es realmente necesario, hay que dejar que lo hagan a su manera. Aunque la cama esté arrugada, tu hijo dormirá orgulloso en ella, porque es su obra.

Lo mismo pasa con otras tareas de la casa. Cualquier mamá dirá que es más fácil hacerlo una misma que dejar que el niño lo haga. Pero así el niño nunca se volverá independiente.

Espera y mira cómo tu hijo intenta alcanzar su juguete favorito en el estante y qué ideas se le ocurren. Es difícil no dárselo, pero si siempre lo haces, nunca aprenderá a buscar soluciones. Deja que tu hijo conozca el mundo y crezca de forma natural. Deja la sábana arrugada: unas arrugas en la sábana son mucho mejores que las arrugas en la frente de tu hijo.

Del equipo de Totsguide. Este artículo es una guía general; habla con tu pediatra sobre tu hijo.

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