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Autismo6 min de lectura

¿Puede una persona autista darse cuenta de que es autista?

El autismo, o trastorno del espectro autista, se refiere a un conjunto de condiciones caracterizadas por dificultades en las habilidades sociales, conductas repetitivas, el habla y la comunicación no verbal, así como por fortalezas y diferencias únicas. Hoy sabemos que no hay un solo autismo, sino muchos tipos, causados por distintas combinaciones de influencias genéticas y ambientales.

El término “espectro” refleja la gran variedad de dificultades y fortalezas de cada persona con autismo.

Los signos más evidentes del autismo suelen aparecer entre los 2 y los 3 años. En algunos casos, puede diagnosticarse ya a los 18 meses.

Algunos retrasos del desarrollo asociados al autismo pueden identificarse y abordarse incluso antes. Autism Speaks anima a los padres con dudas a pedir una evaluación sin demora, porque la intervención temprana puede mejorar los resultados.

Algunas personas pueden saber que son autistas, mientras que la mayoría, sobre todo los niños, suelen estar confundidas sobre lo que les pasa.

Esto se debe sobre todo a que, la mayoría de las veces, lo que viven es juzgado como “anormal” por sus padres y la sociedad (en gran parte por desconocimiento de la condición), mientras que para ellos es “natural”. Esto les confunde y, por tanto, puede que no sean conscientes de que son autistas.

La mayoría de las personas en el espectro aprenden con el tiempo que son diferentes por sus dificultades en la interacción social, las diferencias en la intensidad de su concentración y memoria, el pensamiento literal, los problemas sensoriales y las dificultades en las funciones ejecutivas.

A menudo, a los niños se les diagnostica y se les explica que ese es el nombre de sus diferencias. Una persona mayor sin diagnóstico puede un día leer sobre el autismo o ver cómo se representa, conocer a otra persona autista o tener un hijo diagnosticado. Ve que encaja y se identifica como autista o busca un diagnóstico oficial.

Por un lado, hay personas autistas que nunca reciben un diagnóstico, siguen con su vida y nunca lo saben. Por otro, hay quienes no pueden entender qué es el autismo por su edad o por su incapacidad para entender ciertas cosas (si tienen una condición que reduce su edad o capacidad mental). Y, por otro, están quienes saben que son autistas, ya sea porque recibieron un diagnóstico e información, o porque lo descubrieron por sí mismos.

Así que, en definitiva, hay varias categorías de personas con autismo:

Personas que están en el espectro pero no lo saben porque nunca han sido diagnosticadas

Personas en el espectro demasiado pequeñas para entender lo que significa

Personas en el espectro que nunca lo sabrán porque no tienen capacidad para entenderlo

Personas en el espectro que lo saben gracias a un diagnóstico, entre otras cosas

Personas en el espectro que se autodiagnosticaron y llegaron a esa conclusión basándose en las evidencias. También podrían usar esas evidencias para conseguir un diagnóstico formal, o no diagnosticarse nunca.

Probablemente haya otras categorías, pero me quedo con estas 5 para no extenderme. En definitiva, algunas personas nunca sabrán que son autistas, por ser demasiado pequeñas para entenderlo, por no interesarles un diagnóstico o por no llegar nunca a comprenderlo… mientras que otras lo saben gracias a un diagnóstico formal o por deducción.

¿Cómo animarlos y criarlos para que tengan una vida plena?

Fomenta el juego y la interacción social

Los niños aprenden jugando, y eso incluye aprender el lenguaje. El juego interactivo ofrece oportunidades agradables para que tú y tu hijo os comuniquéis. Prueba distintos juegos para descubrir cuáles le gustan. Prueba también actividades lúdicas que fomenten la interacción social, como cantar, recitar canciones infantiles o jugar a pelear con suavidad. Al interactuar, colócate delante de tu hijo y cerca de la altura de sus ojos, para que te vea y te oiga mejor.

Imita a tu hijo

Imitar los sonidos y los juegos de tu hijo le anima a vocalizar e interactuar más. También le anima a imitarte y a respetar turnos. Imita cómo juega tu hijo, siempre que sea una conducta positiva. Por ejemplo, cuando haga rodar un coche, haz rodar otro. Si choca el suyo, choca también el tuyo. Pero no imites que tira el coche.

Céntrate en la comunicación no verbal:

Los gestos y el contacto visual pueden ser la base del lenguaje. Anima a tu hijo dando ejemplo y respondiendo a estas conductas. Exagera tus gestos. Usa el cuerpo y la voz al comunicarte: por ejemplo, extiende la mano para señalar al decir “mira” y asiente con la cabeza al decir “sí”. Usa gestos fáciles de imitar para tu hijo, como aplaudir, abrir las manos o extender los brazos. Responde a sus gestos: cuando mire o señale un juguete, dáselo o tómalo como señal para que tú juegues con él. Del mismo modo, señala el juguete que quieres antes de cogerlo.

Deja “espacio” para que tu hijo hable:

Es natural sentir el impulso de rellenar con palabras cuando el niño no responde enseguida. Pero es muy importante darle muchas oportunidades de comunicarse, aunque no hable. Cuando le hagas una pregunta o veas que quiere algo, haz una pausa de varios segundos mirándole con expectación. Fíjate en cualquier sonido o movimiento y responde enseguida. La rapidez de tu respuesta ayuda a tu hijo a sentir el poder de la comunicación.

Simplifica tu lenguaje:

Así tu hijo podrá seguir lo que dices, y le será más fácil imitar tu forma de hablar. Si tu hijo no habla, prueba a hablar sobre todo con palabras sueltas. (Si juega con una pelota, di “pelota” o “rueda”). Si ya dice palabras sueltas, sube un poco el nivel: usa frases cortas, como “rueda pelota” o “tira pelota”. Sigue esta regla de “una más”: en general, usa frases con una palabra más de las que usa tu hijo.

Sigue los intereses de tu hijo:

En lugar de interrumpir su concentración, acompáñale con palabras. Con la regla de “una más”, narra lo que hace. Si juega con un encajable de formas, puedes decir “dentro” cuando meta una figura en su hueco, “forma” cuando la levante y “saca formas” cuando las vacíe para empezar de nuevo. Hablando de lo que le interesa, le ayudarás a aprender el vocabulario relacionado.

Valora los dispositivos de apoyo y los apoyos visuales:

Las tecnologías de apoyo y los apoyos visuales pueden hacer algo más que sustituir al habla: pueden favorecer su desarrollo. Por ejemplo, dispositivos y aplicaciones con imágenes que tu hijo toca para producir palabras. De forma más sencilla, los apoyos visuales pueden ser imágenes o grupos de imágenes que tu hijo usa para expresar peticiones y pensamientos.

Del equipo de Totsguide. Este artículo es una guía general; habla con tu pediatra sobre tu hijo.

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