
¿Cómo manejar una crisis autista?
Una crisis (meltdown) es una situación difícil de manejar para la mayoría de los padres, porque ocurre cuando el niño está estresado, alterado o sobreestimulado. Cuando un niño con autismo tiene una crisis, es igual de estresante para los padres. Por eso es importante encontrar una forma eficaz de afrontarlas y de reducir su frecuencia.
Aquí tienes algunas precauciones ante una crisis autista:
Calmar al niño
Durante una crisis, el niño puede sentirse confundido, agitado, frustrado, desbordado o asustado; es decir, vive todo tipo de emociones negativas.
Por eso, gritarle o pegarle no sirve de nada en esta situación. Es mucho más probable que la empeore.
Durante una crisis, lo que más necesita el niño es la oportunidad de relajarse. Así que debes responder con paciencia y compasión.
Darle un abrazo
Un abrazo fuerte proporciona presión profunda, que le ayuda a sentirse tranquilo y seguro. Un abrazo largo de oso puede ayudarle a sentirse mejor.
No le obligues a recibir un abrazo ni lo inmovilices. Es tremendamente angustiante, sobre todo si ya se siente desbordado. El niño puede entrar en pánico y arremeter contra ti.
Deja que el niño salga de la situación
Salir afuera, retirarse a su rincón de la calma o ir a su habitación son buenas formas de ayudar a un niño autista a calmarse. Es mejor dejarle su propio espacio unas horas para que tenga tiempo de recuperarse.
Buena parte de las crisis se deben a la sobrecarga sensorial, un fenómeno que ocurre cuando hay demasiados estímulos y la persona se ve desbordada. Salir de la situación le aleja de los estímulos angustiantes y le permite reequilibrarse.
La duración del tiempo de calma depende de la gravedad de la angustia y de las necesidades del niño. Una crisis leve puede requerir solo unos minutos de calma, mientras que una angustia mayor puede requerir 15 minutos o más de recuperación.
Prepárate para futuras crisis
Aunque puedes reducir el número de crisis, no puedes eliminarlas, así que conviene estar siempre preparado.
Ten un plan de acción para sacar al niño de una situación que le desborda. ¿Adónde puede ir para sentirse seguro?
Asegúrate de tener el teléfono cerca y funcionando por si necesitas llamar a alguien para pedir ayuda.
Ten a mano cosas que el niño pueda usar para calmarse: tapones para los oídos, auriculares, peluches, objetos de apego o lo que suela necesitar.
Si tu hijo tiene antecedentes de violencia, mantén fuera de su alcance todos los objetos que puedan ser peligrosos.
Intenta alejarle de las situaciones estresantes:
Fíjate tanto en los estímulos sensoriales como en otros. Puede ayudar pedir a sus hermanos que se lleven sus juegos ruidosos afuera, o sacar al niño de una cocina ruidosa.
Intenta que haga alguna actividad física que le ayude a descargar energía, como pasear, la jardinería o cualquier cosa que le despeje la mente.
Prueba a llevar al niño al aire libre o a una habitación tranquila donde pueda tomarse un tiempo para calmarse. El dormitorio, el rincón de la calma e incluso el baño pueden servir.
Del equipo de Totsguide. Este artículo es una guía general; habla con tu pediatra sobre tu hijo.


